Cruz, Jon D (1988), "Booze and Blues: alcohol and black popular music, 1920-1930", Contemporary Drugs Problems; pp. 149-186.
Como en la canción de Ma Rainey (1924), el sociólogo
Jon Cruz titula así su ensayo donde establece las conexiones entre el alcohol
(popularmente, booze, bebida) y la
música popular negra. El mismo juego de palabras (booze and blues) ya sugiere la existencia de una obvia asociación
entre los términos.
Antes de finales del siglo XIX, la cultura
afroamericana era relativamente “seca” pero a principios de los años 1920,
coincidiendo en el tiempo con la disponibilidad comercial del blues en formas
de disco, la cultura negra pasa a ser rápidamente una cultura con alta graduación
alcohólica. Con las migraciones hacia las ciudades del norte, el licor se
asociaba a una nueva vida urbana alejada de la opresión sureña y los cambios de
hábitos de la población negra quedarían implacablemente reflejados en las estadísticas
de muerte por cirrosis hepática en los años 20 y 30.
Cruz enfatiza las llamativas diferencias de significado que el
alcohol tenía en las culturas blanca y negra. En los años 1920 y 1930, el
consumo de alcohol de convirtió en un signo de liberación para los jóvenes
blancos de clase media alta (moda lanzada por los escritores y artistas
bohemios como Hemingway), valores que fueron debidamente reflejados en la
industria cinematográfica (también como reacción a la prohibición entre 1920 y
1933 en una especie de “pornografía de la bebida”); en muchas películas el
alcohol se asociaba a lujo, poder, éxito y belleza (aquellas vampiresas rubias
platino como Jean Harlow siempre con una copa en la mano…)
Por el contrario, la mayoría de descripciones del
alcohol y la bebida en la cultura negra son negativas y relacionadas con todo
tipo de ansiedades. En el blues, además hay obvias referencias a la pérdida de
alcohol “seguro” que era accesible antes de la prohibición (señal que una parte
de esa cultura ya tenía cierta tradición en el tema) y que pasa a ser
reemplazado con cualquier tipo de sucedáneo con contenido alcohólico.
En el blues, el alcohol se relaciona con un
sufrimiento que es omnipresente y sin solución, a menudo un símbolo y un
síntoma de realidades sociales más profundas; así que la bebida va siempre
relacionada necesariamente al dolor, la pérdida, la depresión, la soledad, el
fracaso, la violencia….
En los años 1920, cantantes como Mamie Smith,
Bessie Smith o Ma Rainey hicieron populares canciones con referencias más que
explicitas al alcohol.
En “Booze and Blues”, se cuenta la historia
del arresto y encarcelamiento de una mujer con las consiguientes dificultades para seguir adelante sin alcohol:
Went to bed last night, and folks, I was in my tea,
Went to bed last night, and, I was in my tea,
Woke up this morning, the police was shakin' me.
I went to the jailhouse, drunk and blue as I could
be (2x)
But the cruel old judge sent my man away from me.
They carried me to the courthouse, Lordy how I was
cryin' (2x)
They gave me sixty days in jail, and money couldn't
pay
my fine
Sixty days ain't long when you can spend them as you
choose (2x)
But they seem like years in a cell where there ain't
no booze.
My life is all a misery when I cannot get my booze,
(2x)
I can't live without my liquor, got to have the
booze to
cure these blues.
Aquí no hay solución ni salida ni
redención, de modo que la canción no tiene un final sino que te encierra en la
trampa: sólo la bebida puede curar el blues pero al hacerlo, lo agrava aún más.
Cruz realiza incluso un esfuerzo
clasificatorio de todas las cuestiones relacionadas con el alcohol que pueden
encontrarse en los blues. Establece tres grandes categorías:
1) el alcohol como producto puede ser expuesto como adicción
(como en “Whiskey Headed Man” de Tommy McClennan), como una cura casi
medicamento (como en “Booze and Blues” de Ma Rainey), como sustitutivo del sexo
(como en “Don’t Want no Hungry Woman” de Floyd Council), como causa del blues
(como en “Moonshine” de Sonny Boy Williamson), como consecuencia del blues
(como en “Canned Heat” de Tommy Johnson)
2) las consecuencias indeseables del alcohol en forma
de violencia (como en “Moonshine”) incluyendo a violencia doméstica (por
ejemplo, en “Drinking Man Blues” de Peetie Wheatstraw)
3) la infidelidad y a las relaciones amorosas fallidas
(como en “Fighting the Jug” de Blind Blake).
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